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domingo, 23 de julio de 2017

Marcel Duchamp, el impostor

La baronesa Elsa

Falleció en un hospital psiquiátrico de Berlín. Era 1927. Antes, su vida había sido Nueva York. Excéntrica, excesiva, una de esas personalidades que la época creaba y explotaba, Elsa von Freytag-Loringhoven, más conocida como la baronesa Elsa, era muy conocida en el ambiente bohemio de la Nueva York de entreguerras. Sus dotes artísticas eran enormes: se dedicaba a la escultura y la performance. También era poetisa. Todo el mundo la conocía por su imagen transgresora (en su cabeza réplicas de tartas a modo de sombrero, maquillaje negro, se fotografiaba con vestidos orientales, como una Mata Hari extraña, elegancia sórdida).

FUENTE


Lo de baronesa casi era una broma, pues era pobre, malviviendo en un cuchitril con numerosos perros. Había conocido las comisarías y, a veces, sin motivo alguno deambulaba desnuda. Justo en el epicentro de una ciudad poblada de artistas de vanguardia, fue tertuliana de gente como Ezra Pound, Hemingway y, sobre todo, Marcel Duchamp. La baronesa estaba enamorada (un amor obsesivo y enfermizo) del gran Duchamp, quien poco antes había escandalizado al mundo del arte con un cuadro considerado obsceno, pero que hoy no lo parece tanto. Era el célebre Desnudo bajando una escalera. 
Es 1917 y Duchamp presenta la obra que marcará «el final del arte», como dirán desde entonces numerosos críticos de arte. La tituló Fuente, aunque no utilizó su verdadero nombre sino el de Richard Mutt. No era más que un urinario que exhibió en la exposición de la Sociedad de Artistas Independientes de Nueva York.




La baronesa andaba en medio de delirios y estaba a punto de acabar en Berlín. Duchamp alcanzó una fama mundial, pero años más tarde se hizo pública una carta que abría la teoría de que en realidad Fuente habría sido creada por la baronesa Elsa. Antes de la exposición, en abril de 1917, Duchamp escribe a su hermana: «[…] una amiga, empleando el pseudónimo de Richard Mutt, me envió un urinario de porcelana a modo de escultura». Todo el mundo se preguntó quién era Mutt. Duchamp afirmó que él había sido el autor y la historia le atribuirá inequívocamente la autoría de la pieza. Sin embargo, inicialmente todo el mundo se preguntó por Mutt. Las pistas llegaron hasta Filadelfia, donde precisamente se había marchado a vivir la baronesa.


Hemos dicho que la baronesa era escultora. Un vistazo a sus obras demuestra la semejanza con los ready mades de Duchamp. Hay urinarios, muchos. Y todo tipo de objetos deconstruidos o alterados para convertirlos en arte.



Quizá la baronesa expresó su abandono y tristeza por un amor no correspondido de su venerado Duchamp (y por el descarado robo de su obra) en una obra que tituló Me has olvidado como a este paraguas abandonado. En esta, podía verse un urinario derramándose y la pipa de Duchamp, entre otras cosas. Duchamp, sin embargo, calló. La obra era misteriosa, y muchos quisieron saber donde había comprado aquel urinario. Su supuesto autor dijo que lo había adquirido en un local de la Quinta Avenida, pero investigaciones posteriores demostraron que era mentira
El final de esta historia es triste, al menos para la baronesa. Elsa muere sola y olvidada entre paredes acolchadas. Duchamp, sin embargo, alcanzó la gloria.


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